miércoles, 14 de septiembre de 2011

Raul cuero cientifico colombiano


Pasados cinco meses de ocurrida la tragedia del reactor nuclear de Fukushima como producto del devastador terremoto y posterior tsunami que azotaron la isla de Japón poco se sabe sobre lo que hacen científicos nipones para poner punto final a esta amenaza radiactiva. Sin embargo, el mundo se ha movido alrededor del tema en el entendido de que lo que suceda ahí repercutirá en otras partes del mundo, por lejanas que parezcan.
Siempre se ha dicho que si uno llega a alguno de los confines del mundo encontrará a algún colombiano esperándolo para darle las indicaciones del caso, servirle de guía, o venderle algún producto de su invención. Y esto, que parecería una hip
érbole resulta cierto en el caso de Fukushima: algunas de las tecnologías que se están tramitando para descontaminar la planta fueron desarrolladas por Raúl Cuero Rengifo, un científico colombiano nacido en Buenaventura, en 1949.
Otro de sus inventos logrará, por ejemplo, degradar de un modo natural la contaminación por petróleo en el Golfo de Méjico. Otro más, relacionado con los componentes del piso marciano, realizado para la Nasa, podría descontaminar de radiación áreas diversas. Aunque, como suele suceder en Colombia, este personaje es más bien un ilustre desconocido dentro el país, se trata de uno de los científicos más importantes del mundo.
A pesar de haber nacido con escasas posibilidades económicas logró destacarse como el mejor jugador profesional de baloncesto del país –mide 1.95 m. - como integrante de la Selección Nacional y de allí en adelante se tomó los inextricables caminos de la ciencia mundial.
Raúl Gonzalo Cuero Rengifo Empezó estudios de Biología en la U. del Valle, obtuvo un Master en la Universidad de Ohio y posteriormente sacó un Phd en Microbiología en la Universidad de Strathclyde, Reino Unido. Fue galardonado como el mejor ex alumno en la historia de la Universidad de Heildelberg, en Estados Unidos, donde se graduó como biólogo.
Es profesor distinguido e investigador en la Universidad Prairie View A&M y miembro del SynBerg, Centro para la Investigación de la Ingeniería de la Biología Sintética, conformado por las universidades MIT, Harvard, Berkeley, Stanford y San Francisco.
El doctor Cuero tiene más de veinte inventos patentados y en proceso. Es presidente fundador de la Fundación Parques de la Creatividad, con sedes en cinco países de tres continentes. Considera que esa es su mejor invención porque capacita jóvenes estudiantes para convertirlos en inventores.
Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio de Tecnología Tech Brief Award de la Nasa, para el cual ha vuelto a ser nominado por sus tres últimos inventos, el más importante de ellos, un bloqueador natural contra la radiación ultra violeta, que se podrá utilizar en los viajes espaciales y para combatir el cáncer de piel. En 2004 fue condecorado por el Gobierno colombiano con la distinción Caballero de la Orden Simón Bolívar.
Según cuenta en su último libro De Buenaventura a la Nasa, su patria chica era una de las ciudades más pobres de Colombia a comienzos de los 60: “Un lugar sin referencia universal, sin héroes. Sin una infraestructura básica para vivir, como acueducto, energía eléctrica, medios de transporte y comunicación. En mi niñez tenía que caminar largas distancias para recolectar agua que no estaba disponible en nuestras casas. Irónicamente este tipo de ejercicio probablemente contribuyó para que yo tuviera buena resistencia y fuerza para jugar con éxito al baloncesto”.

¿Qué le permitió salir de Buenaventura e iniciar el camino que le ha dado tantos triunfos?

Sólo siendo una de dos cosas: gran estudiante o gran deportista. Yo escogí las dos, pero nunca tuve científicos ni grandes deportistas negros que fueran mis paradigmas, sino a colombianos de ascendencia europea que se han destacado en las ciencias latinoamericanas.
Era hasta divertido porque la diferencia cultural y social me hacía difícil interpretar y descifrar plenamente sus pensamientos y escritos, aparte de que ellos mismos intentaban, a su vez, interpretar la ciencia creada en Europa. Era algo así como tratar de interpretar algo en tercera dimensión. Risa.

Debe ser uno de los pocos afrocolombianas con un doctorado en su especialidad...

Sí, cuando obtuve el PhD en Microbiología, en 1986, caí en la cuenta de eso. El número de grandes jugadores negros de baloncesto en Colombia y América Latina también era muy pequeño. Eso cambió con la Liga de Baloncesto que se fundó en 1975 y de la cual fui miembro fundador.

¿Cómo vivía en Buenaventura?

La casa de mi bisabuela y mi abuela estaba construida en bahareque y su techo era de lata. Me gustaba muchísimo pasar mi tiempo allí, más que en mi propia casa -que mi padre fue construyendo poco a poco, en ladrillo-.
Me sentía muy a gusto allí y me fascinaban no sólo el buen humor de mis tíos, sino los pequeños rituales ancestrales, una copia lejana de los que se hacían en ciudades africanas, que luego conocí. Adoraba el olor de mi abuela que se bañaba -y me bañaba a mí- con agua calentada al sol y perfumada con hierbas y hojas aromáticas que recogía, sabiamente, en el monte.

¿Qué lo hizo tan observador y disciplinado?, ¿quién le enseñó a pensar?

Como de niños no teníamos juguetes me fascinaba observar los animales pequeños como las lagartijas. Un día que las estaba mirando vi que solo se trepaban por las paredes de ladrillo de la casa de mi papá, entre el mediodía y las seis de la tarde, cuando hacía mucho calor en el pueblo.
Entendí que por no tener sistema termo regulador, tenían que utilizar los muros frescos para evitar el calor y eso me sorprendió y me encantó. También me preguntaba por qué sus colas seguían moviéndose solas después de que se les desprendían. Yo diría que todo lo que observé en esa época, con gran minuciosidad, determinó mi pasión por la ciencia.

Usted fue el primero de diez hermanos que terminó secundaria y el único que logró llegar a nivel de postgrado y doctorado. Habla cuatro idiomas y se convirtió en inventor y científico. ¿Qué fue lo más difícil?

Dejar mi ciudad natal me dio muy duro, pero afianzó mi habilidad para sobrevivir. Creía que ese viaje era un gran logro, pero se convirtió en un reto porque tuve que luchar permanentemente contra los prejuicios raciales, sociales, económicos y geográficos.
Por la enorme discriminación que había en la universidad me dedique a estudiar, a leer, me enfoqué con gran dedicación a ser más creativo, y me propuse ser el más resistente y el más determinado.

¿Cómo viajó y pagó su viaje a Estados Unidos cuando le dieron la beca?

Navegué hacia los Estados Unidos en un barco de la Flota Mercante donde mi padre trabajaba como marinero hacía casi 20 años. Por esa circunstancia solo pagué el valor simbólico de un dólar por día, por lo que mi viaje a Estados Unidos costó solo siete dólares. ¡Imagínese!

¿Qué significó visitar por primera vez Africa, el continente de sus ancestros?

Como lo digo en mi libro, ir a África por primera vez fue la confirmación de mi identidad biológica, étnica y antropológica. Fue abrumador observar una gran masa de gente de raza negra moviéndose, controlada por su propia dirección y destino. Experimenté, por primera vez en mi vida, un sentimiento de absoluta libertad mental y social y de pertenencia total. Me sentí como pez en el agua.

¿Qué significa para un científico como usted la globalización?

La corriente de globalización ha producido un efecto común a la homogenización cultural y por lo tanto ha reducido la diversidad, lo cual da como resultado no deseable que la creatividad individual y la singularidad están disminuyendo. Como he trabajado en muchos países he podido observar cómo la homogenización cultural dada por la globalización ha reducido también la creatividad en la ciencia.

¿Cuáles son algunas de sus investigaciones para Nasa?

Mis investigaciones en biogénesis financiadas por la Nasa están probando la gran y directa interacción que existe entre la emisión de electrones, el crecimiento celular y el metabolismo. Otras, usando simulaciones del suelo de la Luna y de Marte han dado resultados positivos. Ya publiqué un resultado preliminar sobre mi investigación en biogénesis microscópica, utilizando suelo simulado de Marte y electro-sensores.
En él pruebo que el agua no es el único y más importante factor para encontrar vida en Marte; hay también otros factores como la óxido-reducción, el ferro magnetismo y la intensidad lumínica, cuya importancia fue corroborada, un año después, por la exploración a Marte realizada por la Nasa.

¿Cómo se llega a ser un inventor?

Cuando estudié en Inglaterra me di cuenta de que la creatividad nace del hacer y de que la imaginación no conoce fronteras, pero primero hay que hacer una especie de trabajo de carpintería, como decía Einstein: primero hay que ser carpintero para ser arquitecto. Sin saberlo, yo practicaba esa sentencia. En mi pueblo era de los pocos niños que trabajaba.
Lo hacía en una bomba de gasolina, montando llantas, lavando carros y echando combustible. Yo era un muchacho de juegos, no de juguetes. Tenía un gran poder de observación y siempre quería despertarme temprano porque la curiosidad me asaltaba.
Como tenía influencia del catolicismo, yo quería averiguar quién era y de dónde venía Dios. Todo ese bagaje que yo llevaba y con el que llegué a la Universidad del Valle constituía una “sinapsis” neuronal, lo que la gente llama memoria. Algo que es indispensable desarrollar muy temprano si se quiere tener después una actividad creativa.

Usted, que trabaja como profesor investigador en la Universidad de Texas y ha hecho invenciones para la Nasa que le han valido premios, acaba de perfeccionar otro para bloquear los rayos ultravioleta, ¿en qué consiste?

Está en proceso de patente y ya se está construyendo en Texas una compañía para producir este compuesto, que no solamente va a proteger la piel humana sino también las frutas, que se perjudican con el calentamiento porque el sol destruye en ellas las vitaminas.
Como comprenderá, es obvio que con el calentamiento paulatino de la tierra, se irán presentando más y más problemas, de modo que este invento será muy apropiado.

¿Cómo entró a investigar para Nasa?

Nasa es una institución básicamente dirigida por ingenieros. En la parte científica colaboran en gran medida las grandes universidades estadounidenses. Uno presenta proyectos para que se los aprueben y a mí me han aprobado varios. Allá siempre quieren saber cómo hago yo para realizar tantas invenciones con tan poco presupuesto. Risa

Hay uno muy importante en relación con las propiedades del suelo marciano. ¿En qué consiste?

Obviamente no se pueden traer muestras del suelo de Marte pero la nave Vikingo, en 1978, pudo captar a través de un estudio óptico, de manera bastante cercana cómo estaba compuesto ese suelo y en Nasa se construyó algo similar. Yo utilicé ese suelo y probé, por electro- conductividad, que algunos organismos que yo transformé genéticamente, podrían crecer en el laboratorio y simultáneamente con ese estudio me dí cuenta de que con algunos agregados que yo hacía, ese suelo tenía la propiedad de destruir material radio nuclear, material tóxico, como plomo, hierro, galio, etc.
Una vez terminados los estudios y hechas las publicaciones del caso, obtuve la patente y Nasa me confirió el Premio Brieff Thecnology.
Hoy Nasa está sometiendo ese invento a prueba en Japón en relación con la planta nuclear de Fukushima, afectada por el sismo. Lo que yo hago despolariza el material radiactivo. Lo que usualmente se hacía era que se lo capturaba pero no se lo destruía. El mío tiene la habilidad de destruirlo in situ.

¿O sea que con esto se puede combatir la radiación a todos los niveles?

Por supuesto; en el estado actual no se puede utilizar todavía en organismos vivos, pero sí estamos creando un sistema que pueda ser extrapolado hacia ellos.

¿Qué son sus Parques de la Creatividad y cuál es su filosofía?

Son una extensión de mi proceso de vida creativa en los cuales reúno jóvenes de colegios entre los 16 los 19 años y ellos tienen interacción conmigo a través de lluvia de ideas, directamente en el laboratorio. Yo los entreno en puntos clave del conocimiento.
El conocimiento se hace importante cuando tiene una aplicación. Eso lo aprendí en Inglaterra porque, cuando yo le expuse a mi tutor mi tesis me contestó “Usted no puede hablar conmigo de teorías si todavía no ha hecho nada concreto”. Y me envió a un laboratorio que tenía unos equipos dañados. Yo pensé que se trataba de un acto racista, pero hoy en día lo amo y admiro.
Para mí fue definitivo. Empecé a armar ese equipo como ingeniero, pero al mismo tiempo pude entender las leyes físicas. Por qué el equipo tiene determinado tamaño, por qué hay que hacer una presión determinada, por qué hay que poner un sistema electrónico de determinada naturaleza, etc. Ensayo y error. Allí fue cuando entendí cuántas cosas se pierden en Colombia por esa falta de relación.
En ese momento decidí fundar los Parques de la Creatividad para los jóvenes. Allí tienen los equipos más actualizados y les inicio un proyecto que contenga los últimos acercamientos a los descubrimientos científicos como el que yo utilizo hoy día, que es la biología sintética. Estos jóvenes empiezan a los 16 años antes de entrar a la universidad.

¿Qué es la biología sintética, en la que trabaja?

Es la unión entre las ciencias biológicas y la ingeniería hacia una funcionalidad para resolver problemas y para el desarrollo económico. Nunca antes se habían unido la ingeniería con la biología y nunca antes la biología se había utilizado para la obtención de beneficios económicos.

Entonces, ¿con esto que usted hace, vuelve exacta la biología?

Sí. Y en ella participan ingenieros y biólogos, muy pocos de estos últimos. Yo soy uno de los pioneros en América Latina y pertenezco al Synthetic Biology Center que ya le mencioné. Estas investigaciones llevan una década de existencia y a diferencia de la ingeniería genética de lo que se trata es de construir genes para una función. Cuál? Por ejemplo eliminar los metales en el ambiente, eliminar el cáncer, o producir antibióticos, azúcar, celulosa, etc.
La ingeniería genética lo que hace es que utiliza los genes existentes y los permuta. La biología sintética los construye, los ensambla por medio de procesos de ingeniería. Se toman partes de los genes, se van ensamblando y armando y se los estandariza. Esto los hace previsibles y estoy muy contento de formar parte de esto porque en la génesis de los paradigmas es cuando uno se empodera y yo lo que hice inmediatamente fue construir un equipo en Colombia y hacerlo miembro de esta asociación científica.
Llevé durante varios años a jóvenes colombianos a competir en MIT contra las mejores universidades del mundo, para que de una vez compitieran en la génesis del conocimiento y no al final. Como digo yo: hay que disparar bien arriba para que en caso de fallar podamos quedar entre las estrellas.

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